El país enfrenta el reto de multiplicar por cuatro su producción de electricidad en las próximas décadas, en medio de una creciente electrificación del transporte, la industria y los hogares

Costa Rica deberá aumentar considerablemente su producción eléctrica para atender la demanda proyectada hacia 2050

Costa Rica tendrá que cuadruplicar su capacidad de producción eléctrica hacia el año 2050 para atender el aumento previsto en la demanda, impulsado principalmente por la electromovilidad, la electrificación de procesos industriales, la manufactura avanzada y el reemplazo de combustibles por electricidad en hogares y comercios.

Las proyecciones sobre el crecimiento del consumo varían entre las instituciones. Mientras el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) estima un crecimiento promedio del 2% anual, el Ministerio de Ambiente y Energía (Minae) calcula que podría alcanzar hasta un 3,5% durante la próxima década.

El Minae proyecta además un incremento de aproximadamente 17% en la demanda para 2030 y de hasta 70% para 2040, con la electrificación de los combustibles como uno de los principales motores de ese crecimiento.

El escenario genera preocupación entre sectores vinculados con la competitividad del país. El Observatorio sobre OCDE y Políticas Públicas, impulsado por Lead University y el Consejo de Promoción de la Competitividad (CPC), advierte que el suministro eléctrico podría convertirse en un obstáculo para el crecimiento económico si no se realizan cambios con suficiente anticipación.

Entre 2012 y 2025, las tarifas eléctricas se ubicaron como el segundo factor que más afectó la competitividad nacional, únicamente por detrás de la inseguridad. Por ello, el desafío no consiste solamente en producir más electricidad, sino también en garantizar que sea accesible, competitiva y de calidad.

El viceministro de Energía, Ronny Rodríguez, reconoció que el modelo actual podría convertirse en un límite para nuevas inversiones y señaló que ya existen empresas estadounidenses que han mostrado interés en trasladar operaciones al país, pero cuyos proyectos no han avanzado debido, entre otros factores, a las restricciones del sistema eléctrico.

Una de las oportunidades que las autoridades buscan aprovechar es el denominado green powershoring, estrategia mediante la cual empresas trasladan parte de sus operaciones hacia países que cuentan con fuentes de energía más limpias para reducir la huella de carbono de sus procesos.

Sin embargo, atraer esas inversiones también implicaría disponer de una cantidad mucho mayor de electricidad que la que actualmente produce el país.

Para enfrentar ese desafío será necesaria una inversión de gran magnitud. El Consejo de Promoción de la Competitividad, el Minae y la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (Aresep) coinciden en la necesidad de explorar alianzas público-privadas, inversión privada y una mayor participación de las cooperativas.

El regulador general, Eric Bogantes, calificó el reto como uno de los mayores esfuerzos de inversión en la historia del sistema eléctrico costarricense, al considerar que el país deberá concentrar en apenas 25 años un volumen de inversión equivalente a más de un siglo de desarrollo del sector, pero multiplicado varias veces.

La Aresep también plantea eliminar barreras regulatorias dentro del marco legal vigente para facilitar nuevas inversiones y ampliar la participación de actores privados en la generación eléctrica.

Actualmente, en la Asamblea Legislativa se discute el proyecto de armonización del mercado eléctrico impulsado por el Gobierno. La propuesta permitiría una participación más amplia del sector privado, cooperativas y otros generadores en la producción y comercialización de electricidad bajo regulación estatal.

La iniciativa, sin embargo, enfrenta oposición de sectores que consideran que podría modificar sustancialmente el modelo eléctrico que Costa Rica ha mantenido durante décadas.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) reconoce que la matriz eléctrica renovable costarricense constituye una ventaja competitiva, pero también ha señalado la necesidad de modernizar el sistema.

Uno de los principales desafíos está relacionado con la alta dependencia de la generación hidroeléctrica, debido a que fenómenos como sequías e inundaciones pueden afectar la disponibilidad de agua y, con ello, la producción de electricidad.

El reto para Costa Rica será entonces doble: producir mucha más electricidad durante las próximas décadas y, al mismo tiempo, garantizar que el crecimiento del sistema sea sostenible, competitivo y capaz de acompañar la transformación económica del país.