Un informe sobre servicios financieros reveló que las costarricenses mantienen menores niveles de morosidad que los hombres, aunque continúan enfrentando obstáculos para acceder a créditos y obtener montos similares.

Mujeres costarricenses registran mejores indicadores de pago, aunque siguen recibiendo menores montos de financiamiento.

En Costa Rica, las mujeres reciben menos recursos en préstamos pese a presentar mejores indicadores de pago que los hombres, según el IV Informe de Brechas entre Hombres y Mujeres en el Acceso y Uso de Productos y Servicios Financieros. El estudio, divulgado recientemente por el Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC), atribuye esta situación a factores estructurales como menores ingresos, informalidad laboral, limitaciones para ofrecer garantías y una mayor carga de trabajo de cuido no remunerado.

Los datos muestran que por cada colón prestado a un hombre, una mujer obtiene en promedio 73 céntimos. Esta diferencia persiste a pesar de que las mujeres registran un mejor historial de cumplimiento en sus obligaciones financieras.

De acuerdo con el informe, el 91,1% de las mujeres mantiene sus créditos al día, frente al 89,4% de los hombres. La tendencia también favorece a la población femenina en los indicadores de morosidad. Un 6,8% de las mujeres presenta atrasos menores a 90 días, mientras que entre los hombres esa cifra alcanza el 7,8%. En los casos con más de 90 días de incumplimiento, la proporción corresponde al 1,3% y 1,6%, respectivamente.

Representantes del sector financiero coinciden en que esta diferencia no responde a una menor capacidad de pago de las mujeres, sino a condiciones históricas y sociales que han limitado su acceso al crédito formal.

Jessica Borbón Garita, directora de Relaciones Corporativas del Banco Popular, explicó que las mujeres suelen contar con menor acumulación patrimonial, menos activos utilizables como garantía y mayores responsabilidades vinculadas al cuido de personas dependientes, factores que influyen tanto en el acceso como en los montos solicitados.

El estudio también revela que, al cierre de 2024, los hombres acumulaban deudas por ¢9,57 billones, mientras que el saldo correspondiente a las mujeres alcanzaba los ¢6,9 billones. Esto representa una diferencia superior al 27% entre ambos grupos.

La mayor concentración de obligaciones financieras se ubica entre personas de 30 a 49 años, etapa asociada con la compra de vivienda, el desarrollo de emprendimientos y otros compromisos económicos de largo plazo.

Ante este panorama, distintas entidades financieras han implementado programas orientados a reducir las barreras que enfrentan las mujeres. El BAC indicó que ha fortalecido su estrategia de inclusión mediante iniciativas que combinan acceso a productos financieros, capacitación y acompañamiento empresarial a través del programa Mujeres BAC.

Por su parte, el Banco Popular informó sobre la puesta en marcha de la iniciativa Mujer Acelera AFD, que movilizará 40 millones de dólares para impulsar emprendimientos y pequeñas y medianas empresas lideradas por mujeres, además de ampliar herramientas de educación financiera y acceso a servicios especializados.

En el Banco Nacional destacan alternativas de financiamiento respaldadas mediante pagarés para aquellas mujeres que no disponen de garantías tradicionales, tanto para proyectos productivos como para necesidades personales.

Coopecaja anunció revisiones en sus criterios de elegibilidad para reconocer distintas fuentes de ingreso, incluyendo actividades independientes y economías de cuido, acompañadas de asesoría personalizada dirigida a mujeres.

Mientras tanto, el BCR sostuvo que sus políticas crediticias se aplican bajo criterios técnicos relacionados con capacidad de pago, perfil de riesgo y cumplimiento normativo, sin diferenciación por género.

El informe evidencia además que los hombres mantienen un mayor acceso al crédito en todos los grupos de edad y reciben montos promedio superiores, reflejando una brecha estructural estimada en un 14,4% en el sistema financiero nacional.

Los resultados del estudio plantean el reto de adaptar los modelos de evaluación crediticia a realidades económicas diversas y continuar desarrollando herramientas que permitan ampliar el acceso de las mujeres al financiamiento formal, en un contexto donde su desempeño como deudoras demuestra altos niveles de responsabilidad financiera.

Kembly Guevara