El costarricense Allan Madrigal localizó con vida a un sobreviviente entre los escombros y su familia asegura que ese logro fue el mejor regalo por sus 33 años

Lo que comenzó como una misión de rescate en Venezuela terminó convirtiéndose en un momento inolvidable para una familia costarricense. Sergio Madrigal, padre del cruzrojista Allan Madrigal, expresó su orgullo luego de que su hijo participara en el exitoso rescate de Hernán Gil, quien permaneció varios días atrapado bajo los escombros tras los terremotos que sacudieron Venezuela la semana anterior.

Allan, integrante de la Cruz Roja Costarricense y de la brigada especializada USAR, fue el primer rescatista en confirmar que Gil seguía con vida, un hallazgo que permitió iniciar un complejo operativo que culminó con éxito este jueves.

Para Sergio y su esposa, el rescate tuvo un significado aún más especial, ya que Allan había celebrado su cumpleaños número 33 apenas dos días antes de localizar al sobreviviente.

«Cuando vimos que lo rescataron sentimos que ese fue el mejor regalo de cumpleaños que pudo recibir. Él siempre se ha esforzado por hacer las cosas bien y ver el resultado de ese trabajo nos llena de orgullo», comentó su padre.

Sergio recibió la noticia mientras cumplía funciones como enfermero voluntario en el Comité Metropolitano de la Cruz Roja, en San José. Recordó que conoció el resultado del operativo a través del sistema de radio mientras atendía un servicio de emergencia.

«Uno siente una emoción enorme. Saber que lograron salvar una vida después de tantos días de trabajo es algo que motiva muchísimo», expresó.

También destacó el esfuerzo de todo el equipo internacional que participó en las labores de rescate y aseguró que conoce personalmente a cada uno de los integrantes de la misión.

Durante los días posteriores al hallazgo, la familia siguió de cerca cada avance del operativo, consciente del riesgo que implicaban las labores entre estructuras colapsadas.

Según relató Sergio, Allan conversó con su madre durante la misión y le describió el devastador panorama que encontró en la zona afectada.

«Le decía: ‘Mami, aquí huele a muerte. Se siente un ambiente que solo en las películas se ve, todo destrozado'», recordó.

La vocación de servicio de Allan comenzó desde muy pequeño. Ingresó a la Cruz Roja a los ocho años, inspirado por sus padres, quienes acumulan más de cuatro décadas como voluntarios de la institución.

Con el paso de los años se especializó como rescatista y recibió capacitación internacional en Chile, Guatemala y México, preparación que le permitió integrar la brigada USAR enviada por Costa Rica a Venezuela.

Mientras esperan su regreso al país, su familia continuará con su labor como voluntarios de la Cruz Roja, orgullosos de que el trabajo de Allan haya contribuido a salvar una vida y a dejar en alto el nombre de Costa Rica en una de las emergencias más complejas de los últimos años.