La compañía que comenzó como un pequeño negocio de alimentos en Corea del Sur terminó convertida en uno de los conglomerados más influyentes del mundo. Sin embargo, su crecimiento estuvo marcado por conflictos familiares, investigaciones judiciales y una compleja batalla por la sucesión.

Samsung evolucionó de una pequeña tienda de alimentos a un conglomerado con influencia global en diversos sectores económicos.

Lo que hoy es un imperio global dedicado a la electrónica, los semiconductores, la construcción y los servicios financieros nació a finales de la década de 1930 como una modesta tienda de comestibles. Desde entonces, la familia Lee ha mantenido el control de la compañía, convirtiéndose en una de las dinastías empresariales más influyentes de Corea del Sur.

Sin embargo, preservar ese dominio no ha sido una tarea sencilla. El proceso sucesorio de Samsung ha estado acompañado por tensiones internas, disputas entre hermanos y complejas reestructuraciones corporativas diseñadas para asegurar que la empresa permaneciera bajo el mando familiar.

La figura de Lee Jae-yong adquirió protagonismo tras el deterioro de la salud de su padre, Lee Kun-hee, quien sufrió un infarto en 2014. Aunque llevaba años preparándose para asumir mayores responsabilidades, su liderazgo enfrentó cuestionamientos tanto por su perfil reservado como por dudas sobre su capacidad para dirigir una corporación considerada estratégica para la economía surcoreana.

En medio de esa transición estalló uno de los mayores escándalos políticos del país. Los fiscales acusaron a Lee Jae-yong de impulsar aportes económicos a fundaciones vinculadas con Choi Soon-sil, cercana a la entonces presidenta Park Geun-hye, con el objetivo de obtener respaldo para una fusión empresarial que fortalecería su control sobre Samsung.

El caso derivó en su condena por soborno en 2017 y coincidió con multitudinarias protestas ciudadanas que terminaron provocando la destitución de la mandataria surcoreana. Además, el empresario enfrentó acusaciones relacionadas con presunto fraude contable y manipulación bursátil, cargos que siempre rechazó.

La historia de la familia Lee ya arrastraba antecedentes de conflictos por la herencia empresarial. Décadas atrás, Lee Kun-hee había sido escogido para dirigir Samsung pese a no ser el hijo mayor del fundador, una decisión que generó resentimientos que posteriormente desembocaron en demandas judiciales entre hermanos por el reparto del patrimonio familiar.

A ello se sumó el enorme desafío económico que implicaba el pago de impuestos sucesorios valorados en más de US$10.000 millones, una situación que amenazaba con debilitar el control accionario de la familia sobre el conglomerado.

Tras años de investigaciones, audiencias y periodos en prisión, el Tribunal Superior de Seúl ratificó en julio de 2025 la absolución de Lee Jae-yong por el caso relacionado con la fusión empresarial. Con ello se puso fin a una década de procesos judiciales que marcaron el rumbo del principal grupo empresarial surcoreano.

Durante ese periodo, el actual presidente de Samsung también dejó entrever un posible cambio respecto a las tradicionales prácticas de los grandes conglomerados familiares del país, al asegurar públicamente que no transferirá automáticamente los derechos de gestión a sus hijos.

La decisión abre una nueva etapa para Samsung y deja en el aire una interrogante inédita para la compañía: quién liderará en el futuro a una de las empresas tecnológicas más importantes del mundo si la sucesión deja de responder exclusivamente a los lazos de sangre.

Kembly Guevara