Miles de mujeres en Costa Rica vuelven a desempeñar tareas de crianza para que sus hijos puedan trabajar o estudiar, mientras especialistas advierten que los servicios de cuido siguen sin cubrir todas las necesidades de las familias

Miles de abuelas se convierten nuevamente en cuidadoras principales de sus nietos

Cada mañana, Rosa Ramírez prepara el desayuno, alista a sus dos nietas y se encarga de que todo esté listo para comenzar el día. La rutina podría parecer la de cualquier madre, pero las niñas de 7 y 9 años no son sus hijas: son sus nietas.

Rosa cumple 71 años este 15 de agosto y ha cuidado a la menor desde que nació, mientras que asumió el cuido de la mayor hace cuatro años. Como ella, miles de abuelas costarricenses desempeñan nuevamente labores de crianza que sus hijos no pueden atender por razones económicas, laborales o familiares.

Preparan meriendas, llevan a sus nietos a la escuela, los acompañan a citas médicas, supervisan sus estudios y se convierten en una red de apoyo fundamental para sus familias. Sin embargo, esta realidad también evidencia una situación de fondo: el sistema de cuido no logra cubrir las necesidades de todos los hogares.

“La menor solo me dice ‘mami’ porque yo siempre he visto por ella. Esas niñas son mi vida. Me hacen sonreír todos los días. Yo las veo como mías porque se criaron conmigo”

Relató Rosa.

Para Óscar Valverde, director ejecutivo de la Fundación Paniamor, el regreso de muchas abuelas a las tareas de crianza no debe analizarse únicamente desde la solidaridad o el cariño familiar. También refleja las limitaciones de los servicios de cuido disponibles y la falta de cobertura suficiente para las familias que necesitan que sus integrantes adultos salgan a trabajar.

“No es una cuestión de decisión. Muchas familias simplemente necesitan que las personas adultas salgan a trabajar para poder sobrevivir. Entonces la pregunta es: ¿quién cuida? Y ahí aparecen miles de abuelas que vuelven a criar cuando ya habían terminado esa etapa de su vida”

Explicó.

Según Valverde, el debate suele destacar el amor y el sacrificio de estas mujeres, pero deja de lado una pregunta más profunda sobre las condiciones que llevan a tantas de ellas a asumir nuevamente la crianza.

“La pregunta no debería ser por qué las abuelas cuidan. La verdadera pregunta es por qué tantas tienen que hacerlo y, muchas veces, solas, sin el apoyo de un Estado o de instituciones que acompañen esas tareas”

Afirmó.

El director de Paniamor advierte que algunas abuelas incluso utilizan su pensión para ayudar a sostener económicamente a toda la familia, mientras otras enfrentan extensas jornadas de cuido pese a su edad, el desgaste físico o sus propias necesidades.

Damaris Hernández, de 56 años, conoce de cerca esa realidad. Buena parte de sus días gira alrededor de su nieta de 10 años. La acompaña, la lleva a la escuela y permanece pendiente de sus estudios y alimentación.

“Yo la quiero como a una hija, la hija que Dios no me dio”

Contó.

Para Damaris, el cuido es una responsabilidad asumida desde el cariño. “Yo me preocupo porque vaya bien a la escuela, porque lleve todo lo que necesita y porque siempre ande bien presentada. Todo lo hago con amor”, comentó.

La historia de Jenny Jiménez refleja otra dimensión de esta realidad. Mientras muchas mujeres se convierten en abuelas después de los 50 años, ella asumió ese papel cuando tenía apenas 36 años.

Cuando su hija Leishka tuvo a Emma, Jenny decidió convertirse en su principal red de apoyo para que pudiera continuar con sus estudios. Durante los primeros años de vida de la niña asumió buena parte de su cuido, mientras también atendía a su propio hijo, Yerik, que apenas tenía dos años.

“No le llamamos sacrificio porque viene desde el amor”

Expresó Jenny.

Sin embargo, recuerda que hubo momentos especialmente difíciles, en los que tuvo que dividir su atención entre los dos niños. “Muchas veces, se me parte el corazón al recordar eso, porque lloraba de la impotencia”, recordó al hablar de los primeros meses de vida de su nieta.

Actualmente, la situación familiar cambió. Leishka estudia Administración de Recursos Humanos en la universidad y mantiene una participación activa en la crianza de su hija. Jenny continúa apoyándola y cuida a Emma dos o tres veces por semana, pero ya no asume la responsabilidad que tuvo durante sus primeros años.

Para ella, el esfuerzo realizado tuvo un propósito claro.

“Me da orgullo decir que hoy ella está en la universidad. Yo sé que el apoyo que le di fue crucial para que pudiera llegar hasta donde está”

Aseguró.

La discusión sobre el cuido de niños y niñas volvió a tomar fuerza este año tras los cuestionamientos por el financiamiento de estos servicios. En junio, la Comisión de Asuntos Hacendarios de la Asamblea Legislativa aprobó un recorte de ₡40.000 millones al presupuesto de los CEN-CINAI para 2026.

La medida generó preocupación por su posible impacto en la atención de niños y niñas en condición de vulnerabilidad. El oficialismo defendió la decisión al indicar que los recursos serían reasignados para atender el déficit del Régimen No Contributivo de la CCSS.

Para Valverde, el problema va más allá de una decisión presupuestaria puntual y responde a la necesidad de una inversión sostenida en políticas públicas de cuido.

“Yo me atrevería a decir que en el país no hay un foco de priorización en el bienestar de la niñez y la adolescencia”

Afirmó.

A su criterio, la Red Nacional de Cuido se mantuvo como una aspiración que no logró consolidarse con los recursos suficientes para responder a toda la demanda. Mientras los servicios institucionales continúen siendo insuficientes, la responsabilidad seguirá recayendo dentro de los hogares y, con frecuencia, sobre mujeres que ya habían terminado su propia etapa de crianza.

Así, detrás de muchas rutinas cotidianas preparar un desayuno, llevar a un niño a clases o esperar una cita médica hay abuelas que se han convertido nuevamente en cuidadoras principales, llenando con su tiempo y esfuerzo los espacios que las familias no siempre encuentran cubiertos por el sistema.